7 cosas de las que nadie habla en el día a día con un bebé

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La llegada de un bebé supone un cambio enorme a todos los niveles. ¡Y qué cambio! Es probable que tus prioridades se reorganicen, que tus responsabilidades se multipliquen, pero, sobre todo, notarás que el tiempo ha alcanzado una nueva dimensión. El día a día con un bebé es maravilloso, pero también es agotador.

Tener esto presente durante el embarazo es esencial para rebajar las expectativas, y mirar a la maternidad de frente, desde la realidad. En el siguiente artículo, os contamos las cosas que cambian tras el nacimiento de un bebé, de las que no siempre se habla. ¿Preparada? ¡Allá vamos!

1)El tiempo no existe

Si hay algo que la maternidad te enseña es que el tiempo cambia completamente. ¡Zas! Desde ese instante en el que coges por primera vez a tu pequeño aventurero el tiempo se transforma: ya no es sólo tuyo, ahora, hay una personita que depende de ti y que va a necesitar cuidados, amor y alimento. ¡El día a día con un bebé es toda una aventura! Una aventura espacial. De hecho, los primeros días puede ser que tengas la sensación de haber entrado en una especie de agujero negro en el que no existe el día ni la noche. Puede ser desconcertante al principio, y un poco agotador, pero es completamente normal, y poco a poco podrás ir ajustando las necesidades de tiempo de tu bebé y las tuyas.

2)Dormir es un privilegio

Es probable que durante el embarazo te hayan recomendado que aproveches para dormir antes de que nazca el bebé y que, después, cuando ya esté aquí, duermas cuando el bebé descanse. Ambas sugerencias son muy sabias porque el día a día con un bebé también implica pasar mucho sueño. Es cierto que no ocurre en todos los casos, pero lo habitual, es que el bebé se despierte varias veces durante la noche para reclamar alimento y contacto. Es completamente normal. Los bebés aún no pueden diferenciar entre el día y la noche, por lo que su sueño es anárquico y breve. Se estima que, durante el primer año de vida de su hijo, sus padres pierden alrededor de seis semanas de sueño. ¿Quién nos iba a decir que dormir se convertiría en un auténtico privilegio?

3)Sola no puedes, con ayuda sí

Los primeros meses con tu bebé pueden ser intensos si no cuentas con una red de apoyo que os sostenga. Hoy, la mayoría de la población vivimos en ciudades, alejados de la familia y con poco tiempo disponible. Cuando llega un bebé es cuando más se nota esta ausencia, porque todo son dudas y agotamiento. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Por qué llorará? ¿Será normal que se despierte tanto? No dudes en pedir ayuda siempre que lo necesites. A veces basta con una llamada de teléfono a tu madre o a una amiga para poder aliviar el malestar que puede aparecer en el día a día con un bebé. Si te sientes sola, también puedes recurrir a grupos de crianza. Son grupos formados por familias que se reúnen para resolver dudas y compartir experiencias. En Internet puedes encontrar el grupo que más se ajuste a tus necesidades cerca de tu casa.

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4)Crear rutinas te salvará

Los bebés y niños pequeños necesitan una rutina porque los hace sentir seguros y tranquilos. En realidad, los adultos también necesitamos las rutinas: nos ayudan a descansar más y mejor, a comer sano, a cuidar nuestra salud mental… Establecer rutinas en casa os permitirá sincronizar mejor vuestra nueva vida como familia. Eso sí, no conviene ser rígidos o inflexibles porque entonces estaríamos obteniendo justo todo lo contrario: más estrés y preocupación. Si un día la rutina se rompe, se compasiva contigo misma, y acepta que no pasa nada. ¡Mañana será otro día!

5)La lactancia es una técnica que se aprende

La lactancia no es instintiva, sino que se aprende. Tener esto en cuenta durante el embarazo es un paso importante, ya que te permitirá informarte y prepararte antes de que llegue tu pequeño aventurero. Hasta hace cinco o seis décadas la lactancia era un aprendizaje que se transmitía de madres a hijas. Lamentablemente esta tradición ya no existe, por lo que es habitual que las mujeres encuentren complicaciones para dar el pecho.

La sensación de falta de leche, el dolor en los pezones y las mastitis son los problemas más habituales entre las madres. ¿A quién acudir cuando la lactancia no va bien? Hay muchas opciones. La matrona o pediatra podrán ayudarte si tienen formación en lactancia materna. Desde LactApp, la aplicación dedicada a resolver las dudas sobre la lactancia y la maternidad, recomiendan acudir a un grupo de lactancia. Las consultoras de Lactancia Certificadas (IBCLC) también te pueden ayudar a resolver todo tipo de problemas y dudas. Muchas incluso se desplazan a tu domicilio. Y, por supuesto, recuerda que, si tienes pareja, su apoyo y acompañamiento es fundamental.

6)La pareja debe reinventarse

El día a día con un bebé pone patas arriba también a la pareja. Hay que repartir el tiempo y las responsabilidades, y ajustar esto no siempre es tan fácil como parece. Según va creciendo tu pequeño aventurero notarás que el ritmo también va cambiando, pero, en esencia, la pareja ya habrá cambiado para siempre. La comunicación es siempre la base de una relación saludable, pero está debe intensificarse cuando nos convertimos en padres y madres. Ahora os enfrentáis a un gran reto que se irá complicando con el tiempo. La infancia y la adolescencia son largas e intensas, y conllevan muchos cambios, pero con amor y respeto será más sencillo afrontar este gran proyecto.

Recuerda: no hay manuales para criar y educar a los hijos, sólo sentido común. En la pareja ocurre algo parecido: no hay mapas que nos guíen, pero sí pequeñas pistas que iremos descubriendo. Pistas que son muy distintas para cada padre y cada madre, pero que encontrarán fácilmente en su camino.

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7)Permítete equivocarte

Antes de convertirnos en madres tenemos una idea creada de lo que es la maternidad. El cine, la literatura y la publicidad han creado una imagen cultural de cómo debe ser una madre: amorosa, complaciente, entregada, bella. ¿Perfecta? Cuando te toca a ti descubres que la perfección no existe y que esa imagen romantizada que tenías en tu mente dista mucho de la realidad.

Entonces, ¿cómo lo superas? ¿cómo dejas de sentirte mal cuando tus expectativas no coinciden con lo que te has encontrado? El primer paso es dejar de compararte con esas imágenes que representaban para ti la maternidad. El día a día con un bebé ya es suficientemente agotador y emocionante como para añadir más carga sobre tus hombros. ¡Permítete equivocarte! No se puede ser una madre de cine las 24 horas del día, ni se puede llegar a todo. Es irreal pensar que esto es posible. Dejar de pensar en negativo también ayuda mucho. Pensamientos como “Lo hago todo mal” o “No sé hacer nada” nos paralizan y nos anclan en la culpa y el malestar. Intenta ver todo lo positivo de lo que haces porque siempre es mucho más de lo que queremos ver.

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